Una reunión casual. Eso pensó Pablo González que significaría el encuentro que estaba a punto de tener con Antonio Flores. Sin embargo, la plática culminó en una sociedad empresarial. Aquella tarde de 2010, los dos descargaron su enojo por los deficientes servicios financieros en México, provocado por la carencia de terminales para recibir pagos con tarjeta en los negocios. Así, el dúo concluyó que tenía la solución: un lector portátil –creado por Flores– y una app para realizar transacciones con tarjetas desde cualquier dispositivo.

ara disponer de las ganancias en su propia cuenta bancaria, el dueño del establecimiento sólo debería conectar el lector a su smartphone o tablet y deslizar la tarjeta de su cliente por el dispositivo para concluir la operación. Todo este proceso le llevaría cinco minutos.

Estaban tan convencidos de tener la clave para eliminar este desafío que se pusieron a trabajar en la idea. Juntaron a un grupo de seis personas, invirtieron 1 millón de dólares propios y, finalmente, en 2013 salieron al mercado mexicano bajo el nombre de Sr. Pago.

La start-up no era la única que brindaba una solución para aceptar pagos con tarjetas desde el celular. iZettle, Billpocket y Clip ya ofrecían, desde 2010, los mismos servicios. Pese a ello, Sr. Pago salió al mercado en busca de clientes. “Nos acercamos a vendedores de comercios pequeños y les encantaba la idea, pero había un problema: no tenían una cuenta de banco”. Éste fue el primer tropiezo de la empresa.

En tan sólo unos meses se dieron cuenta de que el lector portátil y la aplicación móvil –servicios en los que se concentraba su competencia– no eran suficientes, el mercado necesitaba un sistema de pago completo que incluyera el equipo y una tarjeta de débito, donde los comerciantes pudieran recaudar sus ganancias. Pusieron manos a la obra.

RENOVARSE O MORIR

Mientras intentaban reordenar las ideas, Flores dejó el barco. Se retiró del proyecto en 2014 y vendió su parte a González, hoy CEO de Sr. Pago.

Fue un momento decisivo para el cofundador, quien es hijo de Pablo González Carbonell, fundador de Royal Holiday Club, y nieto de Joaquín Vargas, fundador de Grupo MVS. Tomar las riendas lo obligó a multiplicar el número de trabajadores y elegir el nicho de mercado en el que se enfocaría: bancarizado o no bancarizado.

Un año después entendió que el grupo que debía conquistar es el de los más de seis millones de comerciantes en México que, por no estar bancarizados, tienen dificultades para adquirir una Terminal Punto de Venta.

Tras negociaciones con los equipos de MasterCard y la sociedad financiera popular Te Creemos, González logró una alianza para incluir una tarjeta de débito en la venta del dispositivo. Todo por 579 pesos.

“Los comerciantes que lo adquieren no necesitan pertenecer a algún banco ni contar con Registro Federal de Contribuyentes (RFC), basta con darse de alta en la plataforma y enviar una fotografía de su identificación oficial”, detalla el CEO.

Además de obtener ingresos por la venta del paquete transaccional, Sr. Pago cobra 1.8% más IVA por cada operación que el comerciante realiza y transfiere otro 1.8% a la financiera Te Creemos, que es la que administra las cuentas bancarias.

Aunque la comisión es similar a la que cobran los bancos –que oscila entre 1.5 y 5.6%, según la entidad financiera y el tipo de compra–, la diferencia radica en que la start-up no solicita un monto mínimo por manejo de cuenta ni una renta mensual por el uso del lector de tarjetas.

“Si algo molesta a la población no bancarizada son las rentas”, afirma el emprendedor, quien define a Sr. Pago como un modelo libre que no cobra el mantenimiento del equipo, ni la renta ni el manejo de cuenta. Incluso, explica, “puedes comprar la terminal y no usarla en un año, no hay necesidad de activarla o desactivarla”.

FRENTE AL DERRUMBE

Para continuar con el crecimiento de la firma, el emprendedor tocó las puertas de inversionistas en 2015. Durante un año y medio recorrió despachos en busca de capital.

“Fue un proceso complicado pero interesante”, cuenta el cofundador. El desafío, dice, fue lidiar con el continuo rechazo. Pero hubo un grupo de inversionistas al que le pareció atractivo el modelo. El fondo de inversión mexicano Ignia, tres estadounidenses y uno más de Singapur abrieron sus billeteras. O eso le hicieron creer.

“Hubo un fondo que nos dijo que sí iba a invertir, pero quebró y todo el plan se cayó”, relata González. La firma asiática retiró su intención de invertir y provocó un retraso de seis meses en los planes de la compañía.

Los fondos restantes se mantuvieron firmes. “Apoyamos a Sr. Pago por la gran oportunidad que da a los comercios en México, los cuales pueden incrementar sus ingresos”, señala Álvaro Rodríguez, director general de Ignia, que lideró la ronda de capital serie A por 4 millones de dólares.

El capital se utiliza para incrementar el número de puntos de venta, porque hoy sólo vende en Chedraui, Walmart, MacStore y plataformas de e-commerce. El objetivo es rebasar los 150,000 usuarios en tres años y, en 2022, llegar a 230,000.

Aunque las estimaciones revelan que los recursos son suficientes para subsistir los próximos 16 meses, si algo inquieta a González es pensar que mañana puede ser el último día de vida de Sr. Pago. “Estoy en una montaña rusa”, argumenta. “Mi preocupación es defraudar a mis 65 empleados”.

Por ello, mantiene vigente su apuesta por diversificar el negocio. En 2016 lanzó –en alianza con la plataforma de pagos móviles Pademobile– Dinero Móvil, herramienta que convierte el celular en monedero electrónico.

Con esta innovación, que permite enviar y recibir dinero vía un mensaje de texto, el CEO consiguió un contrato con el gobierno de Campeche para otorgar recursos de un programa social y planean incursionar en otros estados. “Hay mucho por hacer en México antes de ir a otro país”, revela.

A largo plazo, la meta es ‘embellecer’ el proyecto para volverlo atractivo. “Sr. Pago no quiere llegar a bolsa. Pretendemos crecer rápido y luego, que algún ‘grandote’ nos compre”, confiesa González.

La ambición del emprendedor es clara: ser lo suficientemente competitivo en los próximos tres años para que, después de la inversión serie B o C, haya varios postores tocando la puerta. “Éste será el final de la historia”, concluye.