Las autoridades capitalinas instalaron 48 albergues para atender a los afectados del sismo.

Texto: Roberto Cisneros
Fotos: Jesús Almazán

CIUDAD DE MÉXICO (Expansión) - Los capitalinos que perdieron su patrimonio en el sismo del pasado martes saben que no son los más desafortunados y que lo primordial en las horas que siguen a este tipo de catástrofes es el rescate de posibles sobrevivientes. Sin embargo, desde este momento ya hacen la fila para recibir un apoyo que les ayude a volver a ponerse en pie.

Los habitantes de los edificios derrumbados total o parcialmente, o aquellos que se estima que quedaron inhabitables y están a punto de caer, se distribuyen con familiares o amigos, y a quienes esto se les dificulta encuentran consuelo inmediato en los albergues instalados en la Ciudad.

De acuerdo con el gobierno capitalino, los 48 puntos instalados para hacer frente a la situación alojan entre 2,500 y 2,600 personas y han distribuido más de 18,000 raciones de alimento. Las demarcaciones con el mayor número son Coyoacán e Iztapalapa, con ocho cada una; Miguel Hidalgo, con siete, y Cuauhtémoc, con seis.

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En el albergue del Deportivo Benito Juárez, las autoridades locales ofrecen medicamentos, vestido, alimentos, cobijas, instalaciones sanitarias, terapia psicológica e incluso actividades recreativas para niñas y niños y hasta atención para mascotas, lo que en gran parte es posible gracias a las donaciones de los vecinos.

Se estima que entre 2,500 y 2,600 personas se encuentran en estos sitios, a los que han llegado personas que no pudieron encontrar refugio con familiares o amigos.

Raúl Carlos Luna González, quien se resguarda en este lugar, lamenta haber perdido todas sus pertenencias luego de que colapsó su departamento en la calle de Tokio, en la colonia Portales.

“(Perdimos) las cosas que no son tan importantes como la vida, pero con ellas vivíamos”, dice este padre de familia de 42 años, quien agradece la solidaridad de la población en estos momentos críticos y pide a las autoridades tenderles la mano.

“Sé que hay gente que está en peor situación, quizá atrapada, pero nosotros que sobrevivimos necesitamos que la autoridad nos dé una esperanza de qué va a pasar con nuestra vivienda. Éramos dueños, estábamos al corriente en el predio, y no sé si hubiese algún seguro o fondo para este tipo de desastres, o que gestionaran ayuda internacional... No queremos que el gobierno solucione absolutamente todo o nos mantenga de por vida”, comenta Raúl Carlos, entre las colchonetas acomodadas en el piso de este gimnasio, y mientras empleados de la delegación y voluntarios reparten atole caliente y vasos con fruta fresca.

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Las autoridades calculan que los albergues han distribuido más de 18,000 raciones de comida desde que inició la contingencia.

En otros casos, la sensación de desamparo se incrementa para quienes, como Gabriel Cisneros, son extranjeros en México. Hace unos meses, dejó junto con su familia su natal Venezuela con la esperanza de una oportunidad laboral en México, y sin la expectativa de que pudieran tener que enfrentarse a una contingencia como la que hace unos días dejó “quebrado” al edificio donde rentaban, también en la colonia Portales. El temor a una réplica o a que el inmueble ceda los mantiene alejados del lugar.

“Nos agarró en horario escolar y salimos a buscar a los niños a la escuela, no queríamos regresar a casa y estuvimos por ahí toda la tarde hasta que nos dijeron del refugio y ya nos acercamos”, detalla al lado de uno de sus tres hijos, quien se distrae con un teléfono celular.

Quizá más acostumbrados a los temblores, algunos de los vecinos de Gabriel decidieron regresar a sus hogares, adonde —hasta donde sabe— las autoridades no han llegado a evaluar los daños.

A unas calles del albergue, en un maltrecho edificio de seis pisos en las calles de Xochicalco, media docena de familias se instaló en las calles y, aunque sus integrantes aprovechan la ayuda que ofrecen las autoridades, se resisten a abandonar su campamento. Se trata de los habitantes de un predio no regularizado, quienes temen que desconocidos roben sus pertenencias y también prefieren quedarse para demandar una solución a la primera autoridad que se aparezca. Debido a su situación legal, prefieren no dar sus nombres ni ser grabados.

A tres días del sismo —que dejó 273 muertos, según el último reporte del gobierno federal—, ellos, al igual que miles de capitalinos más, ven cómo las labores de búsqueda aún siguen su marcha, se enteran del recuento de los daños y, sobre todo, se preguntan qué les depara el futuro.

Las mayores afectaciones se registraron en la zona centro y sur de la capital.

Las puertas de los albergues están abiertas a animales de compañía.