Las heridas comienzan a sanearse en las colonias Del Valle y Narvarte.

Por Ariadna Ortega
Fotos: Jesús Almazán

El impacto del temblor de 7.1 grados fue inmediato. En cuestión de segundos edificios se colapsaron, las escuelas cerraron y las empresas suspendieron actividades. Todo se paralizó por unos días, había temor y confusión en la gente, pero poco a poco la vida cotidiana comienza a instalarse, la corriente citadina comienza a fluir.

En las calles de las colonias Del Valle, Narvarte y Portales –las más afectadas en la delegación Benito Juárez– los negocios han empezado a subir las cortinas, los niños a regresar a las aulas y las oficinas han comenzado a llenarse y con ello, el sector productivo a caminar.

Sobre División del Norte, los negocios de comida aguardan la llegada de sus clientes que abarrotan sus mesas entre las 13:00 y 14:00 horas; las papelerías esperan a los estudiantes que ya regresaron a las aulas y en los negocios de azulejos que recorren la vialidad se escuchan de nuevo las voces de los “maestros de obra”, descargando o cargando mercancía.

“En los primeros días después del temblor se cayeron las ventas. Pero a la semana, empezaron a aumentar, en la medida en que la gente solicitaba productos para arreglar los daños del temblor”, dice Johana Lara, quien despacha en una tienda de materiales de construcción.

Recomendamos: La Roma-Condesa piden apoyo para impulsar la zona

La joven explica que desde que volvieron a abrir –dos días después del sismo– comenzaron a llegar los albañiles, constructores y arquitectos que intentan remediar los problemas reparables que el sismo dejó en los edificio; pronto, el “reparador de concreto”, se convirtió en el material más vendido.

Días después del temblor, Johana Lara recibió a constructores y albañiles que compraron materiales para reparación de inmuebles.

A dos semanas del sismo que causó al menos 228 muertes en la Ciudad de México, en los alrededores de los límites entre la Narvarte y Del Valle ya se ve de nuevo la actividad de inicio de semana. Pues si bien, aún no regresan en la totalidad las escuelas y oficinas, los negocios han levantado sus cortinas para operar.

“Ahorita entran entre 4 o 5 clientes, y aunque no compran ya empieza la actividad”, comenta Omar Zúñiga, quien trabaja en un taller de azulejos de decoración. El local tuvo algunas pérdidas de material que se cayó durante el sismo, pero no hubo daños mayores en el establecimiento.

En su tienda, Omar Zúñiga recibe entre 4 a 5 clientes al día, aunque ninguno compra.

A la fecha, el gobierno de la Ciudad de México ha dado créditos a empresas para reparaciones y restructuración por un monto total de 18.3 millones de pesos entre 114 negocios que han solicitado el apoyo económico

De acuerdo con el jefe de gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, se han censado 1,231 establecimientos dañados (hasta el corte del miércoles por la mañana) en donde el 24% corresponde a diversos artículos como muebles, electrónicos, ropa, entre otros.

El regreso y la espiral

En la delegación Benito Juárez colapsaron 13 inmuebles, principalmente en las colonias Del Valle, Narvarte Poniente, Santa Cruz Atoyac y Portales. Otros 25 están clasificados de “alto riesgo”, es decir, que son inhabitables porque tienen daños graves en su estructura.

Cifras del gobierno de la Ciudad de México señalan que tan solo las unidades económicas colapsadas en la demarcación dirigida por el panista Christian Von Roehrich, generaban ventas por 790,865 pesos al año.

Ve: Peña Nieto presenta mecanismo para la reconstrucción de la Ciudad de México

La Ciudad de México depende principalmente de las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMES), explica el experto en negocios Ángel Méndez, por ello la relevancia de impulsar de nuevo la actividad económica de estos negocios y la gente retome sus actividades cotidianas.

“La economía está sustentada en el consumo interno, es decir, en la población. Si dejo de tener ventas, por la cuestión del sismo, dejó de tener oxígeno. Sin ingresos, dejó de cumplir con mis obligaciones”, dice el académico.

Aunque no son negocios que enfrentan problemas directos, señala, indirectamente se verán perjudicados al estar la economía entrelazada.

“Esta es una problemática espiral porque me pega a mí y le pega a todos a mi alrededor. Una empresa tiene gastos y costos que debe de cubrir y además obtiene una ganancia, ese porcentaje la empresa lo puede cubrir hasta cierto punto, pero si no tengo ventas, este margen se va a ir disminuyendo”, señala Méndez.

El regreso a la “normalidad” en la Benito Juárez ha sido paulatino. La fonda sobre Enrique Rébsamen recibe a sus primeros clientes.

En la colonia Narvarte Poniente, varios hombres de corbata consumen comida corrida en la fonda de Xóchitl Delgado. La mayoría de las mesas está ocupada, pero aún no al nivel de un martes “normal” antes del sismo.

“Ahorita tendría lleno. A las 2 de la tarde llegaban a comer los del IEMS (Instituto de Educación Media Superior de la Ciudad de México), pero como no están, pues se me caen la ventas”, dice Xóchitl, quien cuenta que vendía en promedio 5,000 pesos diarios. Ahora vende la mitad, pero confía en que pronto se recupere el ritmo que tenía previo al 19 de septiembre y vuelva a tener la misma afluencia de gente.

La misma esperanza tiene el señor que vende cocteles de fruta frente a la oficina de la Comisión de Atención a Víctimas (Ceav) y el que recibe los autos en un estacionamiento en la calle Enrique Pestalozzi, y los encargados de una hamburguesería que recibían por igual a oficinistas y vecinos del lugar, que padres de familia después de recoger a sus hijos de la escuela.

Los días después del temblor estaba muerto. Luego regresó poco a poco la actividad, dice Rubén Jorge, encargado de un estacionamiento en la calle Pestalozzi.

Todos coinciden que después del temblor hubo una crisis y todo estaba abandonado, pero en estas dos semanas y luego de que terminaron las labores de rescate en los edificios colapsados, la gente se fue reintegrando a sus actividades.

“La misma semana del temblor aquí estaba desierto. Miércoles, jueves y viernes solo, pero ahora ya hay más actividad, aunque todavía no se compone como estaba antes del temblor”, comenta Rubén Jorge, empleado en un estacionamiento, mientras deja salir a cuatro carros y recibe a uno más.

Ve: Termina búsqueda de desaparecidos por el sismo

La dueña de la hamburguesería El Pajarraco que se encuentra en la esquina de Matías Romero y Pestalozzi hace un recuento de las pérdidas: la gente ha bajado porque hay oficinas dañadas, los padres de familia no vienen porque no han abierto las escuelas y algunos vecinos se han ido.

“A esta hora había mucha gente saliendo, ahorita apenas vamos viendo. Ha estado tranquilo, pero esperamos que llegue más gente porque es quincena”, dice Verónica, la dueña del local.

En la hamburguesería frente al Parque Arboledas, Antonio y Verónica esperan la llegada de los oficinistas y vecinos.

Las heridas

Uno de los edificios en la delegación que se derrumbaron durante el temblor es el que estaba ubicado en la esquina de Petén y Emiliano Zapata, que ahora se encuentra tapiado con madera y tiene coronas de flores para recordar a las personas que murieron en él.

A una cuadra, se encuentra una sucursal de la casa azulejera Llano de la Torre destrozada, desde hace dos semanas las tinas, azulejos, pisos y losetas rotas aún están en un inmueble a punto del desastre. En los alrededores, otras dos construcciones tienen las cintas rojas con la leyenda “peligro” que se colocan a las edificaciones desahuciadas y que deberán demolerse.

En la esquina de División del Norte y Prolongación Tajín, una sucursal de materiales destruida permanece intacta desde el 19 de septiembre.

El escenario no es el habitual, considerando que es una zona donde hay escuelas, centros médicos y otros comercios con una alta actividad económica.

“Y no tenemos el edificio de al lado, ya no tenemos brigadistas, vecinos, el edificio de acá está colapsado. Esta es una tienda con mucha afluencia por la escuela, pero hoy no tengo clientes, los que vienen solo son los de la agencia de autos”, confiesa Ernesto Esquivel, encargado de un Oxxo ubicado en contraesquina del inmueble que se derrumbó.

Especial: 500 edificios con heridas por el sismo

Para él, lo difícil vendrá ahora que no han dado dictamen sobre los edificios en peligro a los costados, pero que mantienen acordonada y cerrada la circulación en la zona.

El joven de 32 años está acostumbrado a vender un aproximado de 500,000 pesos al mes, pero sin estudiantes ni empleados a los alrededores estima que sus ventas bajen 50%.

“No sé qué acciones tenga Oxxo porque apenas tendremos nuestra junta de comunicación y ahí algo nos habrán de decir. Yo estoy en un caso bien light, porque hubo algunos compañeros que sí se quedaron sin trabajo”, dice Ernesto, quien ya piensa en cómo implementar acciones para elevar sus ventas.

Algunas casas y negocios que rodean el edificio colapsado en Petén y Emiliano Zapata corren el riesgo de derrumbarse.

¿Una oportunidad?

El día del temblor, los empleados de Difusión Científica, una empresa que da servicios digitales a empresas, salieron de sus oficinas con el movimiento de la tierra y el sonido de la alarma sísmica.

Desde ese día, las cosas no han sido iguales, debido a que el inmueble está inhabitable. El 20 de septiembre se mudaron a otra locación.

“Nos vinieron a cambiar el ritmo y a buscar una adaptación, primero desde luego por la ubicación que nos brindaron. Aquí éramos 250 colaboradores, allá eso es un exceso. Pero obviamente una empresa no puede frenar”, dice uno de los trabajadores.

“Todavía no estamos ni siquiera operativamente bien, porque en unos casos no tenemos Internet”, agrega al comentar que el impacto no sólo fue laboral, sino también emocional, pues justo en el edificio que se cayó había una tintorería a la que acudían siempre.

Ante la tragedia, negocios como Sushi Hashi en la calle Zapata, deben prepararse para posibles adversidades y crear estrategias de resiliencia.

Para el especialista en negocios, las empresas no pueden parar ni frenar la actividad económica y la gente tiene que aprender a vivir con la incertidumbre de que un desastre natural puede volver a pasar.

Eso no se puede prevenir, pero lo que sí se puede hacer es crear estrategias a futuro para prever cualquier tipo de eventualidad y reestructurar el modelo de finanzas, para que en caso de que vuelva a pasar algo de este tipo, estemos mejor preparados.

“Es cambiar nuestro chip, nuestros viejos paradigmas. Yo le llamo a esto retornar a cero. Por ejemplo, cuando los japoneses fueron devastados por la guerra, tuvieron que tomar una decisión, volver a hacer las cosas como antes o hacerlas diferente y mejor. Es una oportunidad porque a final del día todos somos sobrevivientes de catástrofes de esta naturaleza y tenemos la oportunidad de hacerlo bien o seguirlo haciendo mal”, afirma Méndez.