la vida después del mba

Proyectos en el extranjero, ascensos, mejoras de sueldo, un empleo al final de la maestría... Así es el impacto del programa en la carrera laboral de algunos egresados.

| POR: Ivonne Vargas

studiar un MBA modificó el rumbo de la carrera de Caroline Merin. Esta licenciada en Administración iba a dedicarse a la banca de inversión pero, en 2015, mientras cursaba el programa en la Escuela de Negocios Wharton, de la Universidad de Pensilvania, Uber se cruzó en su camino. El equipo de la tecnológica organizó una charla en el campus para reclutar talento. En ese momento, la banca perdió. Merin se enganchó de la plática que impartió Megan Zoback, entonces líder de Expansión para América en Uber, y aplicó para integrarse a la start-up al concluir sus estudios. “A la semana de graduarme tuve una oferta de Uber”, señala.

Desde que llegó a la compañía en 2015 como senior marketing para UberEats, no ha dejado de ascender. Meses después de ser contratada en Estados Unidos, fue la responsable de lanzar la plataforma en Uruguay y Argentina y, desde agosto de 2016, es directora general de UberEats México, el servicio de entrega de comida de Uber.

“Cuando se abrió la plaza, una de las observaciones que hicieron sobre mi perfil era que carecía de experiencia para ocupar la dirección. Sin embargo, luché por el puesto porque sabía que, con las herramientas adquiridas en el MBA, sobre lanzamiento en mercados, negociación global, tecnología o emprendimiento, tenía capacidades para ocuparlo”, afirma la directiva. Merin habla del MBA como un “potenciador de carrera”, que permite crecer más rápido que la ruta convencional de acumular experiencia.

para quien lo cursa, el máster es un ‘potenciador’ de carrera.

Santiago Íñiguez, presidente de IE University y exdecano de la escuela española de negocios Instituto Empresa (IE), explica este aceleramiento por las habilidades blandas desarrolladas, más que por los conocimientos de finanzas y administración desarrollados. El programa aporta capacidades, como toma de decisiones corporativas o de desarrollo de talento o comunicación, aplicables a la vida directiva sin distinción de la industria o tipo de empresa. “Un fenómeno frecuente es el de los ingenieros que tienen una formación técnica sólida, pero carecen de todo el conocimiento de gestión. El MBA facilita poder dar el salto a la dirección y dejar de dirigir proyectos sólo con la visión de ingenieros”, explica.

Este salto a una posición mayor es uno de los principales objetivos de los estudiantes del programa, según la encuesta del Graduate Management Admission Council (GMAC, organismo encargado de aplicar la prueba GMAT, para ser admitido en la maestría). Aunque también buscan dar el salto al emprendimiento (o mejorar su negocio), desarrollar una carrera internacional o cambiar de industria.

Una nueva carrera

Esto último es lo que le ocurrió a Xavier Aguirre, egresado de la EADA Business School, en España, en 2012. Antes del programa, formaba parte de la plantilla de HSBC, donde implementó procesos para liberación de hipotecas e incorporó estrategias para negociación y prevención de fraude. “Yo no me veía en el mundo de la banca de por vida. La maestría despertó mi curiosidad de entender y saber que en otro lugar tenía posibilidades”, indica. Lo logró, primero en Samsung Electronics y, desde 2016, como gerente de Desarrollo de Negocios en eBay para Latinoamérica.

Para ser contratado en esta última, Aguirre preparó, como hizo muchas veces durante el MBA, un caso de negocio, pero, ahora, relacionado con la oferta de mercado de eBay en la región y su potencial de desarrollo. Analizó proyecciones financieras, estableció estrategias de mercadotecnia y redes, y aplicó conceptos que se analizaron en el programa. “La maestría es un acercamiento acelerado a sectores e industrias diversas y una probada de casos de éxito”, apunta. Eso permite acercarse con más herramientas y menos miedo a otras áreas y funciones.

saltar fronteras.
Fernando Pliego descubrió Asia durante un viaje a China con el MBA. Hoy trabaja en Google Singapur.

A ello ayudan los más de 800 casos de negocios que se analizan en un MBA. Esta dinámica permite al estudiante entender la situación global de una empresa, sea un gran corporativo o un emprendimiento, afirma Claudia Amezcua, directora del Centro de Dirección de Carrera del IPADE y responsable de las admisiones.

Esta incursión en otros mercados es compartida por Alejandro Cruz. Egresado en 2011 de la Escuela de Negocios de Manchester, en Reino Unido, empezó la maestría como consultor de procesos en Cemex, con un equipo de cinco personas, en un área piloto donde desarrollaba soluciones para Europa y Asia. Entró al MBA con la idea de ganar experiencia laboral en el extranjero, meta que consiguió cuando, tras concluir el programa, fue reclutado como director comercial por la pyme inglesa ID Group, donde lideró proyectos de crecimiento.

Cuando en 2013 regresó a México, fue reclutado por la farmacéutica Eli Lilly para desempeñarse, primero, como consultor de ventas y un año después, como gerente de Investigación de Mercado para América Latina. En 2016, participó como project manager en el lanzamiento en México de la franquicia privada de gasolineras La Gas, para, finalmente, regresar a Cemex, en busca de una posición internacional, en la República Checa. Ahí lidera el lanzamiento de Cemex Go, una plataforma digital que permitirá analizar la demanda de los clientes de la cementera para definir la oferta en términos de surtido y otros indicadores.

38%

Quiere un cambio
y orientar su carrera hacia otra industria.

33%

Busca salir
de su país y lograr una posición internacional.

15%

Aspira a ascender
en la misma empresa de la que ya forma parte.

25%

Tiene en la mira emprender
o mejorar su negocio ya en marcha.

“En cada posición he logrado aplicar y capitalizar lo adquirido durante el MBA. Temas de liderazgo, gestión del cambio, balance de resultados, fiscal, contrataciones, innovación u operaciones son algunas de las actividades que aprendí o mejoré y llevé a la práctica en mis roles anteriores”, describe.

Abrir fronteras, como hizo Cruz, es uno de los motores que impulsan a muchos estudiantes a cursar una maestría en el extranjero, y lo que llevó a Fernando Cisneros a estudiar en la Escuela de Negocios Marshall, de la Universidad del Sur de California, entre 2016 y 2017. El exconsultor de instituciones bancarias es, actualmente, senior program manager en Amazon, en Seattle, donde se encarga de supervisar y mejorar los procesos de distribución en Estados Unidos y Canadá.

Al igual que Merin, la oportunidad surgió en el aula, cuando la tecnológica acudió para reclutar candidatos. “Después de la plática con el equipo de Amazon corrí a realizar el proceso de aplicación. Desde que ingresé a la maestría, quería expandir mi experiencia a otro país y en una empresa que impacta con sus ideas y donde la estructura jerárquica para tomar decisiones y crecer pese menos (que en México)”, dice. Cisneros terminó el MBA en verano de 2017 y, en septiembre, ya tenía una oferta de la empresa. Por eso, define la maestría como su pase internacional.

El programa también ofrece una forma diferente de conducirse en los negocios, afirma Fernando Pliego. Él también dio un giro a su residencia tras estudiar en el IPADE, entre 2011 y 2013. Como parte del MBA, visitó China para conocer distintas empresas y entender la realidad de hacer negocios en esa parte del mundo. “Dejé de ver Asia como un concepto abstracto al que uno va de vacaciones para convertirse en mi proyecto de vida”, cuenta. Cuatro años después, gracias a las conexiones establecidas, ingresó a Google Singapur, donde hoy es líder de canales de marketing en Asia-Pacífico.

para muchos, el objetivo del programa es obtener experiencia en otras latitudes.

El networking le ayudó, antes, a ingresar a Google México como gerente de Marketing para Latinoamérica y Norteamérica, gracias a la relación generada con egresados y profesores con experiencia en la empresa. “Pero la escuela me había marcado con el viaje a Asia, tanto, que siempre tuve en mente la idea de regresar a trabajar en la región”. “La maestría no es una varita mágica para cambiar de país, pero, sin duda, sería imposible estar donde estoy hoy sin sus conexiones y sin las lecciones enfocadas a internacionalizar la carrera. Eso inicia desde las estancias que el programa establece en el extranjero”, añade.

Formar empresarios

La capitalización de la inversión se produce, en promedio, a los cuatro años de concluir el programa, señala Ernesto Bolio, director del Máster en Dirección de Empresas del IPADE. En Europa, afirma Brandon Kirby, director de Marketing y Admisiones de la Escuela de Negocios de Rotterdam, el periodo de retorno de la inversión, con el sueldo percibido tras el programa, puede reducirse a 2.4 años.

Sin embargo, el aumento salarial no es el principal impacto de haber realizado la maestría. En muchos casos, el MBA sirve para reflexionar sobre la situación actual y hacer ajustes que generen más satisfacciones personales. Éste es el caso de Santiago Miranda, cofundador y director de Operaciones de Koomkin.com, firma de marketing digital para pequeñas y medianas empresas.

El egresado del IE reconoce que no tuvo un incremento de sueldo ni subió de puesto tras el MBA. “Pero tengo un negocio que redefinió mi vida”, dice. Miranda encontró en su mismo salón de clases al socio con el que pudo lanzar en 2012 esta empresa, que actualmente tiene 1,073 clientes en México. Trabajó con profesores de Marketing Digital y Estrategia para diseñar su proyecto, pero, sobre todo, para incorporar una metodología diferente para lanzar negocios que puedan ser escalables.

25%

de los estudiantes en todo el mundo busca en el programa herramientas para crear su propio negocio.

“Antes de inscribirme al programa, mi referencia para impulsar una empresa era leer de dos a tres casos de negocio. Ahora que voy por otro emprendimiento, analizo al menos 30 ejemplos y pido asesoría en el laboratorio para emprendedores del IE”, dice el egresado de esta escuela, donde 20% de los estudiantes por generación opta por crear empresas, estima Álvaro Sánchez, director general de IE para México.

Su saldo, tras casi seis años de haber concluido el programa, es positivo y Koomkin.com da empleo a 60 personas. “Mi principal impacto post MBA es minimizar el miedo a emprender con muchas herramientas para que compren tu idea”, dice.

Un 25% de los egresados buscan crear su propio negocio, señala el GMAC en su informe de Prospectivas 2017. Salvador Paz, que estudió en la Escuela de Negocios del ITESO entre 2013 y 2015, siguió esa ruta con el desarrollo de Fondify, una plataforma para financiar causas sociales, a través de la cual empresas y empleados donan dinero mediante monederos electrónicos. En 18 meses, ha fondeado 500 proyectos, con 6,000 donadores, lo que se traduce en 9 millones de pesos.

Paz tuvo la idea tras ganar un lugar para participar en los cursos de verano de intercambio que la escuela del ITESO tiene establecidos con diferentes empresas en Silicon Valley. “Esto me abrió los ojos a un nuevo mundo”, señala. Las pláticas con personal de Google y Facebook le permitieron visualizar otros usos para las plataformas de fondeo colectivo. En las aulas también comprendió que la innovación es y será el core business de las empresas. “Puedes tener maquinaria carísima, si no hay innovación sobre procesos, no tienes nada con qué crecer”, apunta.

Los entrevistados refieren que el programa se tradujo en destrezas que les permitieron subir peldaños en el organigrama. Luis Hernández, egresado en 2015 de la maestría de Negocios de la Anáhuac y actual CFO en Deloitte, realizó durante el programa un proyecto sobre residencias de estudiantes que le ayudó a desarrollar, en 2016, el Centro de Formación y Liderazgo D. Líderes en Deloitte. Se trata de un espacio de 5,500 m2, para capacitar con programas, simuladores y casos prácticos a colaboradores y clientes de la consultora.

Romper esquemas
A Mónica Romero, el programa le aportó herramientas de comunicación y liderazgo para destacar en el sector bancario.

“La maestría implica una metodología, eso, aplicado a la vida diaria obliga a preguntar para qué, con qué recursos, en qué momento ejecutar”, dice Hernández, quien aportó la perspectiva de administración, evaluación, planeación y desarrollo de la iniciativa, que hoy suma 120,000 horas de aprendizaje y 1,800 profesionales capacitados.

abrirse paso

Norma Godínez, directora de Recursos Humanos en Kelly Services México y egresada hace tres años del MBA de la Anáhuac, valora, sobre todo, las habilidades blandas que desarrolló y que le permitieron identificar elementos para crecer en un mundo donde las posiciones claves siguen lideradas por hombres. Hoy es la única mujer en el board de la compañía en México. Saber que tenía la capacidad de tomar decisiones y contar con un panorama de los aspectos que integran la dirección de negocio es una fuente de empoderamiento, señala.

los mba potencian la capacidad de adaptación y reinvención de los alumnos.

“La maestría me dio fundamentos para abordar, con números y argumentaciones, los problemas que enfrenta el área”, cuenta. Entender cómo llevar una auditoría y establecer aspectos de transparencia frente al mercado es parte de las nuevas responsabilidades de la directora, que asumió, también, la creación del área de compliance.

A Mónica Romero, vicepresidenta corporativa de Riesgo de Crédito de Bank of America Merril Lynch y egresada del Executive MBA (EMBA) de la EGADE con la Universidad de Texas, el programa le aportó seguridad, en un área donde predomina el liderazgo masculino. La directiva, de 33 años, explica que debido a su formación en administración tenía los conocimientos para hacer carrera en la banca, pero carecía de las habilidades para entender qué factores contribuyen al crecimiento dentro de una organización. “Para ser un candidato al cual promover no basta la técnica, necesitas demostrar que sabes escuchar a otros y sacar lo mejor de sus características”, dice.

Además de la comunicación, la capacidad de adaptación, reinvención laboral y emprendimiento fuera y dentro de la empresa son las competencias que los MBA buscan potenciar, especialmente si se considera que muchos de los egresados saldrán a ocupar posiciones que, hoy, ni siquiera están del todo definidas en las organizaciones o son producto de una fusión corporativa, afirma Ignacio de la Vega, decano de la EGADE, que ya trabaja en el rediseño de sus programas. “Interesa preparar a gente para que desarrolle más su papel como influencer en la empresa, que busque un cambio, y no sólo tener la parte administrativa”, agrega.

Sobre el MBA, tradicionalmente, se dice que es una base para saber de finanzas. “Poco se habla del impacto que genera en volverte más creativo, añadiendo esa parte administrativa a tu formación más social. Esto es especialmente importante cuando tu carrera está en ventas y debes atender problemas, como erradicar un fraude o ser escuchada por tu equipo de vendedores”, dice Lidia Flores, gerente senior de Operaciones y Comunicación para Ventas de Mondelez México y egresada del MBA de la Universidad Anáhuac.

A ella, el MBA le resultó clave para luchar por su puesto y desarrollo en la compañía, luego de que Kraft Foods, donde laboraba, cambiara a Mondelez tras separar la división de América del Norte del negocio global. “Con el solo hecho de tener una metodología para vender ideas y para armar equipo, o acercarte a nuevos colegas tras una situación como la compra, yo he capitalizado el MBA desde que concluí el programa”, señala.

Los entrevistados aseguran que, aun siendo personas con empuje, sus trayectorias no serían las mismas sin la maestría, que les convirtió en profesionales ávidos de conocimiento. “Esa curiosidad tendrá consecuencias, porque cada rol se convertirá en una oportunidad de generar un impacto positivo en las organizaciones y las personas”, puntualiza Alejandro Cruz.